viernes, 3 de diciembre de 2010

Hugo Presman

LA CEGUERA DE LA BURGUESÍA NACIONAL

Los empresarios más importantes (entre ochocientos y mil) tienen una cita anual en el Coloquio del Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina ( IDEA). La sigla da como resultado una palabra cuyo significado según el diccionario es “entendimiento que se limita al simple conocimiento de una cosa. Intención de hacer algo. Plan para realizar alguna cosa. Intención de hacer algo. Concepto formado sobre algo o alguien. Ingenio. Convicciones, creencias opiniones”

El Coloquio reúne a empresarios de distintas actividades como Cristiano Ratazzi de la industria automotriz y Hugo Biolcatti que preside la Sociedad Rural. A Gustavo Grobocopatel denominado “el rey de la soja” y a Luis Pagani presidente de Arcor. Y hacia el cónclave van a exponer desde “periodistas independientes” a los políticos que tratan de ser su representación política. Aunque desde la crisis del 2001 algunos de los empresarios como Macri y De Narváez intentan suprimir a los intermediarios y representarse a sí mismos con apoyo popular.

Lo que produce perplejidad es que las ideas liberales de los sectores agropecuarios sean suscriptas y apoyadas con notable entusiasmo por la burguesía industrial. Si los empresarios campestres representan a una clase dominante pero no dirigente, los industriales por su nacimiento y desarrollo están históricamente alienados por las ideas pastoriles. Así ambos grupos son librecambistas, denostadores del Estado, antisindicalistas, adoradores del mercado, discriminadores de “los negros”, reivindicadores de las calles sin protestas, sostenedores de la mano dura y de la construcción de cárceles para los delincuentes, poseedores exclusivos de la vocación por el trabajo, admiradores de los países hegemónicos con los cuales son serviles, denigradores sistemáticos del país y de los gobiernos populares. Pregonan en público que pagan todos los impuestos pero en privado cuentan sus hazañas elusivas como quintaesencia del vivo. Gritan contra la inflación que muchos de ellos determinan, se conduelen por la pobreza que producen las políticas que promueven, lagrimean por la distribución del ingreso ( aunque se oponen a la participación de los trabajadores en las utilidades) porque le aumenten las alícuotas impositivas: alientan la informalidad laboral y los contratos basura mientras viven pendientes de las evaluaciones que del país hacen en el exterior. Por su alienación cultural e ideológica aborrecen de los gobiernos populistas, aunque les vaya muy bien.

Los empresarios agropecuarios viven con nostalgias del Primer Centenario y de los gobiernos de Menem que ejecutó muchas de sus propuestas ideológicas aunque al final del ciclo del riojano, la mayor parte de los campos estaban hipotecados. Los industriales añoran aquel período que le vendió la ilusión del primer mundo, mientras la mayor parte de las empresas fabriles cerraban. Parecen gladiadores romanos, sin espíritu de lucha (los más poderosos vendieron sus empresas) que ante el poder romano y antes de perecer saludaban: “Ave César, los que van a morir te saludan”

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