La inflación es el aumento sostenido del nivel general de precios, si bien la definición es ampliamente aceptada, no sucede lo mismo en cuanto a las causas que la generan.
Políticos, intelectuales y economistas de Derecha, íntimamente ligados a las grandes corporaciones empresariales tratan de explicar el fenómeno de la inflación de manera tal que resulta sumamente funcional a los intereses de estas corporaciones en detrimento de la gran mayoría de la sociedad.
Es corriente escuchar a estos economistas clásicos plantear el fenómeno de la inflación como un exceso de demanda, generado por políticas gubernamentales equivocadas ya sea porque el Estado gasta demasiado, por que el gobierno es incompetente para atraer inversiones extranjeras o porque garantiza el fortalecimiento de estructuras sindicales que defienden el valor de la fuerza de trabajo, para estos tecnócratas del gran capital la mejora de los salarios es una de las causales fundamentales que desatan el proceso inflacionario. Las recetas que proponen para evitar el exceso de demanda o reducir la presión de la demanda sobre la oferta, se caracterizan por la apertura económica y ajustar el gasto del Estado para enfriar o desacelerar la economía. Para ellos el Estado debe gastar menos en educación, salud, asignaciones universales, salarios, aumentando la tasa de interés para que se consuma menos y pequeñas y medianas empresas no puedan desarrollarse, reclamando a su vez la apreciación del peso para sustituir importaciones por medio de importaciones, medida que perjudica directamente el desarrollo de la industria nacional.
Estos diagnósticos con sus correspondientes recetas son en la actual coyuntura nacional inadmisibles, tanto desde la perspectiva macro-económica como social y política.
Desde el enfoque social y político, los sectores progresistas no compartimos en absoluto el ajuste y menos aun cuando el empleo todavía no se ha recuperado totalmente y cuando generaciones enteras se han visto excluidas de todo tipo de consumo. Si observamos el modelo económico de los años 90, vamos a ver que este fue sumamente exitoso en cuanto freno al proceso inflacionario pero llevo adelante un ajuste y una apertura económica de tal magnitud que dejo al país con el 50% de su población por debajo de la línea de pobreza. Por lo tanto hemos aprendido que desacelerar la economía vía ajuste y apertura a la larga genera recesion, falta de trabajo y exclusión de los asalariados que constituyen el sector más vulnerables y mayoritario.
Desde la perspectiva macro-económica los argumentos que defienden los intelectuales orgánicos del gran capital, también son equivocados. En la actualidad, la estructura económica argentina es mucho más sólida que en épocas anteriores y por ende el fenómeno de la inflación es diferente. Los condicionamientos externos generados consecuencia de las presiones de la deuda se han debilitado al salir del default en 2005, la relación Deuda Externa / PBI bajo de 160 a 40 % encuadrando los pagos dentro de los limites manejables con recursos propios evitando nuevos endeudamientos. Por otra parte ni el tipo de cambio, ni los salarios, ni las tarifas de los servicios públicos están fuertemente desalineados, la economía viene operando a niveles razonables de ocupación de la capacidad productiva instalada y aun esta distante del pleno empleo de la mano de obra, es decir en la actualidad no hay inflación por exceso de demanda respecto a los recursos disponibles.
Los argumentos de la derecha no pueden explicar las cusas del incipiente aumento del nivel de precios en la actual coyuntura, entonces cuales son las causas?
En la actualidad observamos que el aumento de precios sobre todo en comestibles se debe a lo que algunos economistas como Aldo Ferrer denominan, “inflación inercial” es decir los precios aumentan a un determinado ritmo porque los principales actores económicos y sociales tienen una visión catastrófica de la realidad y del futuro, generando una especie de profecía auto-cumplida. Por miedo a que se genere inflación y ella se coma sus activos, se adelantan y aumentan los precios, siendo ellos mismos los que terminan generando el proceso inflacionario aunque las principales variables macro-económicas sean sólidas.
No solo con la hipótesis de la “inflación inercial” se explica lo que sucede en la actualidad. Debemos prestar suma atención a los elevados niveles de concentración y extranjerización que presenta la estructura empresarial argentina.
Más del 80% de las grandes empresas son extranjeras, ellas se caracterizan por ser enclaves de exportación que eliminan de la competencia a los pequeños y medianos empresarios, no le brindan al país grandes beneficios industriales y tecnológicos, no aprecian el mercado interno por lo tanto no perciben el salario como demanda efectiva, sino como un costo que debe reducirse al máximo para ganar competitividad y así poder remitir la mayor ganancia posible a sus casas matrices.
Tener en cuenta las variables de concentración y extranjerización nos permite entender que la inflación no solo es un fenómeno económico derivado de la relación oferta y demanda sino que tiene un alto contenido político. Cuando una corporación empresarial se apropia de una determinada cantidad de recursos económicos que le permiten imponerle condiciones al Estado, estamos hablando de poder económico y este es parte inherente del poder político. Cuando el poder económico y por ende político se concentra en unos pocos dueños, estos llevan adelante acuerdos y negociaciones para sustituir la inversión productiva con inflación y así obtener de una forma segura y rápida mayores beneficios. De esta manera los empresarios no solo incrementan sus ganancias de manera casi inmediata sino que hacen de la inflación un arma política sumamente desestabilizadora, que no dudaran en utilizar contra aquellos gobiernos que se resistan a aplicar los principios neoliberales.
El tipo de cambio alto y la defensa del salario son dos ejes centrales del actual modelo económico siendo a su vez la antitesis de los prototipos de economía neoliberal, esto explica la gran resistencia del capital concentrado sobre todo transnacional.
Un trabajo de la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia plantea una alta concentración de los insumos básicos en áreas de la construcción, la siderurgia, la petroquímica el aluminio entre otras.
Por ejemplo; Siderar ocupa el 99% del mercado de chapa laminada en frío. El cemento es controlado por las empresas Loma Negra 48%, Cementos Minetti 32% Cementos Avellaneda 15%. En el espacio de las petroquímicas el etileno, esta en manos de la norteamericana PBB, con el 93%, mientras que el tolueno es producido por Petrobras 56% y Repsol 44%. En fertilizantes la empresa Pro fértil ocupa 77%, en telecomunicaciones Telecom y Telefónica representan el 80% del mercado, en galletitas Danone 26% arcor20% y kraff 26% solo tres empresas ocupan el 73%, en la panificación industrial las fusionadas Bimbo y Fargo controlan el 79% y finalmente tenemos el caso de Aluar donde una sola empresa controla la totalidad del mercado del aluminio primario.
EL SUPERMERCADISMO
El supermercadismo es un ejemplo claro de oligopolio, en el cual tres grupos Carrefour y sus cadenas de Dia y Norte controla el 29%, Cencosud la cual comprende las cadenas Super Vea, Jumbo, Disco Easy, Unicenter, controla el 21% y la empresa Coto la cual se adjudica el 18%, estas tres grandes empresas controlan mas de las 2/3 partes del consumo alimenticio argentino.
La posición domínate que ejercen estas tres empresas termina fijando el precio de los productos básicos que el consumidor debe pagar. A su ves tienen el control de los canales de ventas obligando a las PYMES a ser sus proveedores, imponiéndoles grandes exigencias y manejándoles el margen de ganancia, lo cual no solo exacerba la concentración de la riqueza en sus poderosas manos, sino que muchas de estas pequeñas empresas terminan quebrando o no pueden acumular capital para poder desarrollarse.
La permanente expansión de los hipermercados tiene como contratara el cierre de cientos de comercios y PYMES, la eliminación miles de puestos de trabajo, generando una fabulosa transferencia de recursos de cientos de miles de comerciantes a unos pocos empresarios, eliminado la sana competencia del mercado, permitiéndoles a estos imponer sus propios intereses al conjunto de la sociedad.
Cuando un hipermercado se instala en una determinada zona, termina destruyendo carnicerías, panaderías, verdulerías, rosticerías, almacenes, perfumerías, bodegas, ferreterías, kioscos, negocios de electrodomésticos etc., etc., etc.
La concentración económica es una característica inherente al sistema capitalista, pero esto no implica que nada pueda hacerse, por el contrario, el Estado debe construir un poder de policía implacable que realmente pueda garantizar la desconcentración del capital y la riqueza, evitando oligopolios y monopolios permitiendo un mercado realmente competitivo.
No solo desde las paritarias se debe redistribuir la riqueza, sino que es sumamente importante y determinante no generar las condiciones que le permiten al capital concentrarse. Debemos actuar sobre las causas y no solo sobre las consecuencias, no es suficiente tratar de obtener una mayor redistribución de la riqueza cuando los niveles de concentración ya son demasiados elevados.
La desconcentración del capital y la riqueza son la sustancia de toda democracia verdadera, real y material y como bien señalo el Diputado Jhon William Cooke, cuando algún tipo de producción necesite concentrar el capital de manera monopólica entonces deberá ser el Estado quien encarne el monopolio.
La Cámpora
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